lunes, 2 de julio de 2012


Cuando era niño, al igual quizás que muchos de ustedes, tenía un amuleto de la suerte. Era un “llavero de
 la suerte”. Lo llevaba para arriba y para abajo. Me ayudaba a salir bien en los exámenes y a ganar en los
juegos de mesa y competencias en los que tomaba parte.
Luego me di cuenta que empecé a perder y salí mal en unos exámenes, y que el “talismán” estaba perdiendo
su “potencia”. Y lo cambié. Me dijeron que las “patas de conejo” daban suerte. Pero a mi no me funcionó.

Luego me di cuenta que por más amuletos que llevara, y rezos que hiciera, si no había estudiado y no estaba
seguro de lo que hacía, irremediablemente iba a salir mal…

Y ¿para qué sirven los amuletos? Quizás pueden servir para reforzar la confianza en las personas inseguras.
 Saben lo que están haciendo, pero no saben que saben. Necesitan un apoyo, un bastón en el cual apoyarse.

Confiemos en nuestra capacidad, preparémonos para los retos que tenemos por delante, capacitémonos
para el trabajo, tengamos una actitud positiva y optimista. Esos son nuestros mejores amuletos de la suerte
 y las mejores herramientas para tener “un día de suerte”.
Y para finalizar el ultimo gran maestro:

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